lunes, 27 de febrero de 2017

El día que no te conocí

Qué se puede añadir cuando un poema hace enmudecer, cuando llega, las palabras que rondaban el alma esperando retratar un sentimiento... más allá de la expresión, y por encima de ella, está la emoción que libera, sana, y eleva el espíritu:

El cielo gris de febrero
Tan pálido de niebla,
Tan desolada dejaba la mañana.
Caminé tras la danza de tu pelo
Y a tu lado mis sueños,
En silencio, como heridos,
Al verte pasar.

                       Daniel Rodríguez

sábado, 25 de febrero de 2017

Antonio Machado murió el 1 de agosto de 1912 ...



Cuando murió en Soria su amor único [...] 
mantuvo su idilio en su lado de la muerte [...]; puso su casa de novio
viudo para afuera, en la tumba, secreto palomar [...].

Juan Ramón Jiménez, "Españoles de tres mundos".

El pasado miércoles, 22 de febrero, conmemoramos la muerte de Antonio Machado, uno de los mayores poetas de nuestra Literatura. Y en el taller quisimos rendirle un homenaje; podríamos haber hablado de su vida, su obra, su lucha política, por los derechos del ser humano y la cultura que le hace serlo ... Eso quedó para otro día; qué mejor homenaje podríamos hacerle que recordar esa sensibilidad poética, esa intensidad en lo sutil, que lo elevó por encima de unos horizontes de la lírica nunca vistos... Y esa sensibilidad que tan bien supo guardar en sus mejores versos maduró cuando Leonor, esa muchacha soriana de ojos oscuros, le enseñó lo que era vivir de verdad. Pero la vida se empeñó en hacer a Machado poeta por el dolor, y quiso robarle lo que más quiso nunca; Leonor cayó enferma al poco tiempo de casarse:

"Querida mamá -escribiría en una de sus cartas- no te acongojes tú por mi situación. El golpe terrible para mi fue el que me llevé en París, cuando la enfermedad de Leonor nos hirió como un rayo en plena felicidad".

Volvieron a España, donde el poeta siguió dando muestras de ese amor tan profundo que sintió por ella; olvidado su ser para entregarlo todo por unas gotas de la salud que se extinguía en su esposa. Los que pudieron verlo, así lo afirmaron:

«Cada mañana -relataba el tío de Leonor- llegaba aquí empujando el cochecito de la enferma. Hablaba con ella en voz baja; también le leía periódicos. De vez en cuando se separaba de ella unos instantes y se asomaba a la barbacana. Él decía que era para ver el paisaje; yo creo que era para que su mujer no le viera llorar. Muchas tardes, antes de volver a casa, don Antonio acercaba el cochecito a la iglesia y abría la puerta para que Leonor rezara a la Virgen»

Cuando ella murió, se acabó la vida para Machado: finalizaron sus esperanzas en un futuro feliz al lado de la mujer que tanto había amado -y que amó hasta el final-; finalizaron esos destellos de la alegría del sur en sus poemas... A pesar de todo, siempre, en sus versos, quedaría el trasfondo del amor vivido, de la paz que trajo ella a su alma, de la esperanza de ver renacer su unión, si no en esta vida, más allá de la muerte que tanto buscó y que al fin encontraría un 22 de febrero de 1939.

[...] Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,            
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra…
                          "A José María Palacio"


martes, 21 de febrero de 2017

"¿...Poesía? ... Yo invito" en prensa

Se cumplió el sueño: nuestro taller sigue adelante, vivo y con fuerza. Porque en Arganda hay poesía,  y a ella se ha rendido un grupo de jóvenes que no está dispuesto a que se tache de inculto el lugar donde viven y/o estudian. 
Ha habido muchas dudas, preocupaciones, vacilaciones, miedo al no, ... pero, al final, la poesía ha vencido y ha llenado de fuerza los corazones -y los bolígrafos- de estos chicos que no han dejado de luchar en ningún momento. Se buscaron a sí mismos, y encontraron  la Poesía; el verso guió sus pasos en el camino de la ilusión, del deseo de hacer de su vida algo intenso, de vivir con una sensibilidad que colma de plenitud hasta el mínimo detalle ... Me encontraron a mi en ese camino, -como pudieron encontrar a otro que les hubiera seguido del mismo modo-, y les acompañé porque su entusiasmo y su forma de escribir son irresistibles; y correspondo a su iniciativa porque lo merecen y porque sé que llegarán lejos. Si alguien pudiera ver sus miradas cuando leen sus poemas, cuando se emocionan con unos versos, cuando dejan volar sus palabras y estas por si solas parecen fundirse en un poema infinito... quedaría rendido ante ese entusiasmo, el mismo que me cautivó desde el principio; que disipa mi cansancio para reunirme con ellos cada jueves por la tarde.
Y todo esto, la labor de esos poetas que empiezan a vivir, debía tener su premio: durante la pasada sesión del taller nos acompañó Laura, la redactora de la Revista "Este de Madrid", que tuvo la generosidad de querer dedicarnos su tiempo y sus líneas. Pasamos un rato extraordinario, en el que intercambiamos impresiones, expectativas; hablamos de cómo comenzamos a escribir, de cómo nos enamoramos del mundo por mediación del verso, ... de cómo la poesía ha salido a nuestro encuentro cuando la pensábamos lejos, de cómo nos salva de lo cotidiano otorgando sentido a una realidad que parece ir perdiéndolo a veces. Entre risas, momentos de seriedad, entre lectura de poemas, los chicos no olvidaron cómo surgió el taller, ni la gente que les ha animado; sin duda quisieron dar las gracias a Antonio Daganzo, que tanto apoyó la iniciativa y que incluso nos dedicó una visita inolvidable el curso pasado; tampoco dejaron de recordar a Cristina Asenjo, profesora del IES Grande Covián que vio nacer el taller y de quien tanto aprendimos. Fue una sesión muy emotiva que nos ayudó sin duda a consolidarnos como grupo. Por eso enviamos desde aquí nuestro agradecimiento a Laura, a Lourdes, y a la Revista "Este" en general, por darnos esta oportunidad de hacernos ver, no por la fama -tan voluble y a la que ni siquiera aspiramos- sino por ayudarnos a difundir la poesía en Arganda, que es nuestra mayor aspiración y nuestro mayor premio. Gracias sinceras a todos los mencionados y a los que conservamos, en definitiva,  en nuestro recuerdo y nuestro corazón.

                                                                                           Rocío Romero

miércoles, 15 de febrero de 2017

A ti

Cuando hay poesía honda y verdadera, sobran más palabras ...


A ti, 
a ti que coges el amor y lo colocas junto a la sien.
Esperando que disparen,
que te vuelvan a rebanar el sentido.
A ti,
a ti que coges el amor y lo machacas,
que vuelves acero los latidos.
A ti,
a ti que me diste un caminar suspiro,
unos alfileres en los oídos.




A ti, 
a ti que coges el amor y lo colocas junto a la sien.
Esperando que disparen,
que te vuelvan a rebanar el sentido.
A ti,
que todavía tienes miedo de caer junto a los precipicios.
A ti,
que no sabes que no hay mayor caída libre,
que la que han pasado estas rodillas.
Suplicando que volvieran,
aunque solo fuera porque yo también necesitaba sentir la pistola,
cerca, bien cerca, para sentir el peligro.
A ti, 
que no te das cuenta. 
De que a esta pistola;
no le queda ni una sola bala.


                                            Emilia Ramos

jueves, 2 de febrero de 2017

Titán adorado venido a la tierra

Cuántas veces la poesía es transporte a realidades vivas capaces de contener los sentimientos que quizá unas líneas -unos versos- no podrían. La poesía salva incluso en eso; es hermosa incluso en su humildad; cuando la palabra se hace demasiado pequeña como para albergar un corazón que se expande, sabe llevar a este a la calma.

Tú, inconmensurable sin igual,
Titán adorado por guerreros y artistas
Eres el cielo azul venido a la tierra
Que desde nuestros albores
Rudos, elementales al punto
Cautivaste y refinaste.
Tu grandeza intimida, 
Tu pureza deslumbra
Y tus misterios inspiran.
Mar que del que venimos
Y siempre hacia ti miramos
Con añoranza y nostalgia
Permíteme darte las gracias.
Son tus frías olas 
Mis suspiros de vida;
Tu espumoso rugido,
Mi refugio del pesar;
Tu salada corriente,

Mi transporte a la paz.

                      Diego Piqueras

Te prometo mis heridas

Poesía, amor; siempre se identifica esa turbulencia del alma con su expresión lírica... pero sólo el poeta sabe lo que guarda en el corazón; a pesar de ser dueño de la palabra, a veces esta no es suficiente para silenciar la ruptura de su espíritu.

Me has acariciado,
me has acorralado.
He paseado,
con los pies descalzos sobre tus piedras.
Y te prometo
que tengo mas heridas en el corazón abiertas.
Ibas y venías,
nunca te quedabas,
pero siempre volvías.
Quiza lleve la sal en las venas,
y por eso lloro cuando me roza las piernas.
Pero es que ese desastre,
me acogía como si fuera su amante.
Me adormecía en lo que para mi era hogar,
y me brillaban las pupilas cuando me iba.
Quiza tu me enseñaste a amar,
aunque para decir tu nombre;
le tenga que quitar al verbo,

su primera vocal.

                             Emilia Ramos

Un tiempo que se agota

Sonríe alegre en la primavera,
Juega con las mariposas
Que entre las flores vuelan
Cierra los ojos y sueña
A la orilla de un río que lleva
Ilusiones, esperanzas y risas.
Fluye el río por su cauce
Como el tiempo pasa sin prisa.
Al salir de tu sueño es verano,
Que pasa fogoso y ardiente 
Para dar la entrada a tu otoño.
Tiempo de calma, fuera las hojas
Visten de gala el bosque y ves
Tu reflejo en la ventana:
Tus ojos que recuerdan 
Memorias de un tiempo pasado
Y en tu cima blancas Nieves
Que anuncian silenciosas
Un implacable invierno

Y un tiempo que se agota.

                                     Diego Piqueras

Pretenden arañarme el corazón

Pretenden arañarme el corazón,
y no ven que solo rasgan páginas en blanco.
Que si me prenden fuego ardo,
que si me cortas me rompo.
Pretenden dolerte,
amarte;
hacerte protagonista del séptimo arte.
Y vaya si amas,
y vaya si duele.
Pretenden que me ahogue,
en mi propio desastre;
en mis vacíos constantes.
Pretenden amarrarme.
¿ Pero como van a contener,
al loco de su amante ?
¿ Al astrónomo de su estrella ?
¿ Al suicida de su cuerda ?
Pretenden comprender el desastre,
cuando ni el propio desastre comprende,
el dolor que siente.
Ahora que ya 

no te tiene.

                    Emilia Ramos