jueves, 24 de noviembre de 2016

Leonor: memoria y poesía antes de tiempo


Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. 
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. 
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. 
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Antonio Machado


Esta mañana, unos versos de Machado que surgieron de entre las páginas del libro de texto de mis alumnos me trajeron a la memoria algo que escribí hace más de un año. Volviendo por mi camino de siempre, el paisaje se dibujaba de forma distinta, melancólico, anhelante del ocaso; enturbiado por las lágrimas que trazaba la lluvia... El paisaje me devolvía el alma de Antonio; esa mirada suya tan poética por la que el páramo de Soria se hizo cómplice de su tristeza; cuántas veces esos ojos cansados del dolor mirarían buscando consuelo en un horizonte tan parecido al que yo observaba hoy. Y vislumbré en el aire ese susurro del tiempo, el mismo que hace tanto me llevó a escribir ese poema cerca de Baeza; el mismo que me hizo imaginar la voz de Leonor aliviando las heridas de Machado. El poeta se sintió solo, abandonado, roto de dolor por la ausencia de ella; pero ella siempre siempre estuvo ahí, su alma siempre permaneció a su lado; más allá de la separación que les impuso la vida, ella siempre acariciaría los versos de Antonio y los guardaría en su corazón, y lo cuidaría con más fuerza de lo que su presencia real hubiera logrado... Si Leonor hubiera podido despedirlo, decirle que velaría por él más allá de los confines que sellan el presente, él, Antonio, hubiera amado la vida tanto como la amó a ella:

“Antonio, compañero, vida mía, vuelvo a ti
vuelvo aquí donde tus manos
tocaron estas piedras
para en ellas
volver a acariciarte.
Nunca te olvidé, nunca te olvidaron mis huesos
despojados de mi carne
antes de tiempo …
Pero debió ser así, pues mi amor se hizo alto
y te quise desde nuestro cielo
ese que abrazó
nuestros abrazos;
que nos besaba en tus besos…
Vuelvo aquí, mi vida, a fundir mi espíritu
en el tuyo
a mezclar mis lágrimas
con esa tinta
que tiene la dicha de mojar tus dedos.
Vuelvo aquí, a observarte, a quererte más de cerca:
¿sabes? abandoné mi casa;
la abandoné porque quise
una vez más
por ti…
No te atormentes,
no peregrines sin tu nombre,
no viajes con dolor
apretando tu garganta;
no llames más, desolado;
a las puertas del Espino
porque no, no desesperes, no es allí donde vivo.
No me encontrarás, porque he vuelto,
Antonio, mi amor, vida mía
y te beso el rostro cada noche
tomo tu mano
cuido tu sueño
desde que yo encontré el mío
en mi lecho de tierra …
Vine a tenderte mis brazos
a decirte que no he muerto
que mires tu pecho construido de pesares, amante infinito …
que ahí, eterna, dando luz a tus ojos
estaré,
siempre,
contigo”

                                Rocío Romero

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Calmar tus heridas


La poesía es infinita en su poder sanador de almas rotas, no hay duda. Pero el poeta, que tiene en sus labios el verso, tiene en sus manos y en su corazón el instrumento que la poesía necesita para llevar su milagro a quien la necesita. La voz del poeta es luz, magia, arte y redención de almas cansadas y heridas.



Me recorría un escalofrío desde la nuca hasta los tobillos,
pasando por el epicentro de tu ombligo.
Me moría de versos,
de verte versar algún suspiro.
Me dormía  entre canciones,
que hablaban de colillas,
de alcohol y heroína.
Y nadie entendía, que yo me moría 
por ser droga;
ser una chica morfina,
que te supiera calmar las heridas.
Que te hiciera dormir en las esquinas.
Sacrificar tu suerte,
por convertirte en la mía.

Que se durmieran las alondras,
al salir el sol.
Por haber estado velándome,
las 500 noches del maestro Sabina.
Pero el ultimo favor que te pido,
es que me devuelvas mis 19 días.

                                             Emilia Ramos

viernes, 11 de noviembre de 2016

Quizá volvamos a vernos ...



[...] Todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan [...].
                               
Pablo Neruda, "Si tú me olvidas"

  Es extraño desplegar de nuevo las velas y dejar, una vez más, que el aire se adueñe del destino de un barco que creímos anclado para siempre. Es extraño sentir tan vivo como al principio algo que pensamos olvidado sin remedio ... Pero la poesía es tan tenaz en su llamada a las almas; tan magnánima en su belleza; tan generosa en su poder salvador de sueños e ilusiones ... que sí, puede que permaneciera dormida, pero siempre vuelve, agradecida, al destino de aquellos que le prestaron cobijo en su corazón. 


  Alguien me escribió algún día unas líneas que nunca olvidaré:
Después de navegar tras su estela todo el año pasado, aprendiendo, volviendo a enamorarme de la literatura y de la sintaxis, de la lengua en toda su extensión, no me queda nada más que agradecer todo este esfuerzo para tirar de mí y de otros tantos cientos de barcos que no estaban preparados para navegar solos. Es este un motivo suficiente como para seguir luchando, sin duda.

  Y ahora, quizá, tengamos la oportunidad de volver a reunir "¿...Poesía? ... Yo invito" gracias a la generosidad de la directora de la Biblioteca Pablo Neruda de Arganda... Poetas, os espera el verso que ya hicisteis vuestro.

                                                                                   Rocío Romero Aguilera 

Bramante



Una hebra de hilo que puede extenderse al infinito; metáfora del aliento poético que queda prendido en el alma con si fuera un hilván que sella el verso para siempre en el corazón.

No sirve su fuerza:
las heridas del corazón
no se cosen
con bramante.
Porque eres tú
quien mueve los hilos para que todo
vuelva a empezar.
Eres tú quien maneja
los de esta marioneta
que soy yo.
Porque sólo tú
tienes permiso
para iluminarme
o destruirme con tu risa.

                                  Gonzalo Gamella