martes, 20 de febrero de 2018

De nuevo, la Poesía...

Hace justo un año, escribíamos esto:

"Definitivamente, "¿...Poesía? ... Yo invito" ha vuelto; y lo hace para que los jóvenes tomen el testigo del verso y se confirme en ellos que en Arganda habitan también la cultura, la sensibilidad, y la poesía. Gracias a todos los que iniciaron este camino, y a todos los que nos han ayudado."

Hoy, tiempo después, podemos repetir esas palabras; pero no volvemos, sino que seguimos presentes, y seguimos luchando por la poesía, porque creemos que es hermosa, que sigue viva más que nunca, y más que nunca la sociedad -esta sociedad que a veces parece desmoronarse- la necesita. Necesitamos esa belleza, esa sensibilidad que solo el verso es capaz de mostrar al que no la ha descubierto. Necesitamos conocernos por el arte, y por el arte ser libres... Nosotros ya nos dejamos atrapar por la poesía, que nos mantiene en el lugar de lo auténtico; y queremos seguir demostrando que vale la pena detenerse y mirar hacia dentro porque en cada resquicio de nuestra realidad puede haber escondido un poema que nos haga ser mejores.

SOBRE UN LIBRO DE VERSOS
Dejaría en el libro
Este toda mi alma.
Este libro que ha visto
Conmigo los paisajes
Y vivido horas santas.
¡Qué pena de los libros
Que nos llenan las manos
De rosas y de estrellas
Que se esfuman y pasan!
¡Qué tristeza tan honda
Es mirar los retablos
De dolores y penas
Que un corazón levanta!
Ver pasar los espectros
De vidas que se borran,
Ver al hombre desnudo
En Pegaso sin alas,
Ver la Vida y la Muerte,
la síntesis del mundo,
Que en espacio profundo
Se miran y se abrazan.
Un libro de poesías
Es el Otoño muerto.
Los versos son las hojas
Negras en tierras blancas,
Y la voz que lo lee
Es el soplo del viento
Que hunde en los pechos
–Entrañables distancias–.
El poeta es un árbol
Con frutos de tristeza
Y con hojas marchitas
De llorar lo que ama.
El poeta es el médium
De la Naturaleza
Que explica su grandeza
Por medio de palabras.
El poeta comprende
Todo lo incomprensible
Y a cosas que se odian
Él hermanas las llama.
Sabe que los senderos
Son todos imposibles
Y por eso en lo oscuro
Va por ellos con calma.
En los libros de versos,
Entre rosas de sangre,
Van desfilando tristes
Y eternas caravanas
Que hirieron al poeta
Que lloraba en la tarde,
Rodeado y ceñido
Por sus propios fantasmas.
Poesía es Amargura,
Miel celeste que mana
De un panal invisible
Que fabrican las almas.
Poesía es lo imposible
Hecho posible. Arpa
Que tiene en vez de cuerdas
Corazones y llamas.
Poesía es la vida
Que cruzamos con ansia
Esperando al que lleve
Sin rumbo nuestra barca.
Libros dulces de versos
Son los astros que pasan
Por el silencio mudo
Al reino de la Nada,
Escribiendo en el cielo
Sus estrofas de plata.
¡Oh, qué penas tan hondas
Y nunca remediadas,
Las voces dolorosas
Que los poetas cantan!
Como en el horizonte
Descanso las miradas.
Dejaría en el libro
Este, ¡toda mi alma!
Federico García Lorca, 1918. En Poemas inéditos de juventud.

domingo, 18 de febrero de 2018

"Si tú me olvidas" (Pablo Neruda)


Acercarse a la poesía de Pablo Neruda es  adentrarse en el alma misma del poeta, sin necesidad de luchar contra muros levantados por palabras vacías de espíritu.
Neruda tiende sus lazos al corazón mismo de quien se aviene a sus versos de la mano de un tono suave, sencillo, conversacional -"Tú sabes cómo es esto"- y va ahondando en la materia de lo cotidiano; de ahí despega al temblor vibrante de una pasión que parece retenida en la calma, para diluirse en ese oleaje que arrasa con todo lo que no sea el amor fecundo que edifica al yo íntimo del poeta. El yo escondido, verdadero que sale del amor intenso -no hay amor diferente- se derrama, salpica las palabras del verso; Neruda tiene la maestría de destruir el lenguaje previo y construirlo de nuevo, renacido, nutrido de sus sentimientos con una clarividencia que lo convierte en espejo del alma. Neruda tiene el don de la Poesía en su mano, en su ser desde la génesis del mismo; en sus ojos late un mundo sediento de ser retratado por el lirismo llameante que habita al poeta.

Acercarse a la poesía de Neruda es sentarse, frente a frente, a la magia que hace nacer el verso en todo el que se deja raptar por ella. Su escritura directa, desnuda de otra pretensión que no sea acariciar a la amada con su voz, rasga el aire que circunda sus poemas, y rompe con los supuestos sobre la entrega amorosa del corazón que acaricia sus letras.

La mirada del poeta se eleva por encima de horizontes que separan lo cotidiano de la belleza absoluta; se levanta sobre la distancia que hace sangrar el dolor de los amantes; se superpone al prosaísmo de la existencia y la vuelca a ese lado del mundo invisible a los ojos que cierran la puerta a la Poesía.

En este poema, Neruda parte de un condicional presente en todo su desarrollo, que rompe con la desesperanza de una separación que se torna incierta por ese "si cada día, ... si cada día..." porque en la repetición de la fuente del consuelo posible, del retorno buscado, del amor, está la fe en lo perdurable del sentimiento verdadero más allá de contingencias que se esfumarían de pronto con la mirada de ella.

Neruda y el amor; el poeta y el destino apasionado de un hombre que encontró en la Poesía la expresión más absoluta de la esencia del ser humano. El hombre no es nada sin ese amor que sublima su espíritu, que lo sumerge en un ascenso capaz de culminar con esa pasión palpitante, catarsis de la tristeza y el dolor, que transfigura su existencia en un ser para la amada, para el Amor, para la Poesía.


Quiero que sepas
una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
 si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.

Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

sábado, 17 de febrero de 2018

"Se querían" (Vicente Aleixandre)


Hay algo en la poesía de Vicente Aleixandre de una emoción estruendosa; es la vehemencia pura, como si quisiese lanzar al mundo sus versos para colapsar las almas de los mortales sesgando los sentimientos más tímidos y volverlos torbellino de pasión hiviente. Es la poesía total, que se adentra en lo más profundo del ser para descomponerlo y reducirlo a la sustancia del amor verdadero, ese que nunca se olvida, ese que mantiene la febril dependencia de la caricia o de la mirada conmovida; ese que es vibración constante de la esencia del alma y amenaza con su temblor la estabilidad de los sentimientos dormidos a nuestros pies, que a veces parecen morirse de a poco como flores mustias.
La poesía de Aleixandre no va en ascenso armónico hasta el culmen perfecto, sino que es cima de la perfección y de la belleza desde el principio. Desde el primer verso rasga el velo que protege el corazón y lo vuelve a la infinitud de los sentimientos más profundos; es un grito de dolor, rabia, o plenitud que se acopla en lo más hondo del espíritu que necesita responder o romperse en pedazos surgidos de esa explosión de belleza, arrebato candente, y poesía verdadera.
Con este poema, “Se querían”, el amor que necesita ser comunicado por su hermosura arrolladora se interna en la sangre misma, símbolo de la pasión, porque está ya en la génesis del ser humano. El poeta puebla sus versos con imágenes que no desdeñan el dolor –las espinas- , un dolor que forma parte del sentimiento amoroso; de eso no hay duda, y Aleixandre lo sabe; su alma lo sabe. Es una visión total del amor, que invade cada uno de los rincones del orbe: la noche, el día, el interior de la tierra… una tierra que se torna metáfora del ser humano, que se funde con él y se hace solidaria con sus sentimientos… Esta concepción del amor totalitario, que mueve el mundo, se acompasa con esa forma de escribir volcánica, llena de repeticiones, de adjetivos inesperados llenos de fuerza, de eterna subida al clímax del verso en un ascenso que no cesa a pesar de que el lector parece no poder más con ese pulsar de su yo más íntimo y que se vuelve cada vez más intenso. Y esa tensión aumenta cuando todo parece frenarse con una sola palabra -“Amando”-, para concluir después de todo con un “se querían” que se ha ido cargando de toda índole de connotaciones, de fuerza, de ardoroso deseo de amar y saberse amado; pero, a su vez, lo ha hecho poseedor de vetas de una calma que amenaza desbordarse en armonía devastadora.
Poco más podría decir ahora tras la relectura de este poema que me ha salido al paso, sin buscarlo. Ese es Aleixandre; así lo recordamos, así lo leemos, y así sigue despertando nuestra alma.
                                                                     
Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
 mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.


Sin más


Sin más, tú
Sin puntos 
ni final.
Toda tú
En tu mayor complicidad.
Sin más los sueños 
Se cumplen 
Y coindicir contigo
Fue uno hecho historia.
Por eso 
Ojala tú
Siempre mi felicidad.

                               Gonzalo Gamella

Sueño


Sueño con tenerte
Algún día 
Sólo para mí.
Mirarte a los ojos
Y que me dijeras que me quieres.
Que te basta solo conmigo
Que nunca 
Te vas a ir.
Y si yo pudiera elegir
No quererte
Lo haría sólo 
Por volver a sentirte 
cerca.

                                   Gonzalo Gamella

Volver


Hoy he vuelto
A saber de ti
He vuelto 
A escuchar bien alto
El sonido de tu andar
Retumbándome por dentro
Todavía tengo 
Las cinco letras de tu nombre 
Clavadas en mi mente
Hoy he vuelto a escribirte
Para ser feliz
He vuelto a escribirte 
Y hacerte eterna.
                     
                      Gonzalo Gamella

viernes, 16 de febrero de 2018

"Mientras tú existas" (Ángel González)

Todos los que hemos estudiado Literatura en Bachillerato tuvimos un encuentro "atropellado" con Ángel González; poeta perdido entre muchos otros tantos nombres de su generación y que cuestan tanto asimilar porque se diluyen en una lista interminable de la que siempre se nos olvida uno y lo recordamos después del examen con rabia... Pero la Literatura no es una "lista de la compra" de la que no es posible perder ningún elemento pues nos hace el descuido la faena de tener que volver al supermercado. La Literatura es el milagro que conserva la sensibilidad del ser humano cuando los tiempos se empeñan en silenciarla -sin éxito afortunadamente-... Y es milagro porque ella sola sale al paso entre la dificultad y pone delante de los ojos sus frutos para que que nadie deje atrás su maravilla. Así, hoy nos encontramos con este poema de Ángel González, huído de esa lista para convertirse en la emoción que es; sencillez, sutileza, palabra viva que envuelve una pasión callada, pero desbordante.

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.